Queridos socios, maestros, alumnos y a mi emoción que tinta. Después de años al frente de esta institución centenaria, hoy me dirijo a vosotros con el corazón lleno de gratitud, orgullo y recuerdos que me acompañarán para siempre.
Presidir La Confianza ha sido uno de los mayores honores de mi vida. No solo por la responsabilidad que implica custodiar una asociación fundada en 1865, sino por el privilegio de haber compartido este camino con personas extraordinarias, unidas por un mismo amor: la sastrería artesanal.
Durante estos años han pasado por nuestras aulas cientos de alumnos. Algunos llegaron con la ilusión tímida del aprendiz; otros, con la determinación clara de quien sabe que ha encontrado su vocación. Verlos crecer, equivocarse, aprender, perfeccionarse y finalmente convertirse en profesionales ha sido, sin duda, una de las mayores recompensas de mi gestión. Cada uno de ellos forman parte de la historia viva de La Confianza.
Quiero expresar un agradecimiento muy especial a la Junta Directiva, que me ha acompañado con lealtad, compromiso y una generosidad incansable. Sin vuestro apoyo, vuestras ideas y vuestro trabajo silencioso y constante, nada de lo conseguido habría sido posible.
Hemos compartido decisiones difíciles, grandes alegrías, largas conversaciones y, sobre todo, una profunda responsabilidad común por el futuro del oficio. Guardo en la memoria momentos imborrables: encuentros institucionales, actos académicos, cenas conmemorativas, reuniones de trabajo y celebraciones que han marcado distintas etapas de nuestra historia reciente.
Cada uno de esos momentos ha reforzado mi convicción de que La Confianza no es solo una institución, sino una comunidad unida por valores, respeto y vocación. Hoy cierro esta etapa con la tranquilidad de saber que la asociación queda en buenas manos.
Me llena de ilusión anunciar la sucesión en la presidencia a Daniel Sánchez Caro, a quien deseo todo el acierto, la fortaleza y la serenidad necesarias para seguir guiando La Confianza hacia el futuro. Estoy convencido de que su visión, su compromiso y su amor por el oficio sabrán honrar el legado recibido y abrir nuevas etapas de crecimiento.
Me despido del cargo, pero no de La Confianza. Seguiré vinculado a esta casa que siento como propia, observando con orgullo cómo continúa escribiéndose su historia, puntada a puntada, generación tras generación. Gracias por la confianza, por el respeto y por el afecto que siempre me habéis brindado.
Gracias por permitirme formar parte de algo tan grande.
